De la tienda local al mercado europeo: cómo está cambiando la forma de comprar productos gastronómicos

Durante mucho tiempo, descubrir un producto gastronómico regional significaba viajar hasta su lugar de origen, encontrar una tienda especializada o confiar en algún conocido que pudiera traerlo de vuelta. Hoy el escenario es muy diferente. La digitalización del comercio alimentario ha reducido las distancias y ha permitido que productores, distribuidores y consumidores se encuentren en un mercado mucho más amplio.

Este cambio resulta especialmente visible en países con una fuerte identidad gastronómica, como España o Italia. Productos que tradicionalmente estaban muy vinculados a determinadas regiones pueden llegar ahora a consumidores situados a cientos o miles de kilómetros.

No se trata únicamente de vender alimentos a través de Internet. Detrás de esta transformación existe una evolución de la distribución, de la logística y también de la manera en la que el consumidor descubre y selecciona lo que compra.

El producto regional ya no tiene un mercado exclusivamente local

La procedencia ha sido siempre uno de los principales elementos diferenciadores dentro de la industria alimentaria europea.

Guijuelo es un buen ejemplo. La especialización productiva y el reconocimiento asociado al territorio han permitido que sus productos sean conocidos mucho más allá de Salamanca. Fenómenos similares se producen en numerosos lugares de España, Francia o Italia.

En el mercado italiano encontramos ejemplos especialmente evidentes: aceite de oliva de diferentes regiones, pasta de Gragnano, vinagre balsámico de Módena, quesos, conservas, café o especialidades de pastelería que mantienen una relación muy estrecha con sus respectivos territorios.

La diferencia es que el consumidor actual puede conocer y comprar muchos de estos productos sin encontrarse físicamente en su lugar de producción.

Para las empresas, esto amplía considerablemente el mercado potencial. Para el consumidor, supone acceder a una variedad que difícilmente podría encontrar concentrada en un establecimiento tradicional.

Internet también ha cambiado la forma de descubrir alimentos

El comercio electrónico no ha modificado solamente el momento de la compra. También ha transformado todo lo que sucede antes.

El consumidor dispone actualmente de mucha más información para comparar productos, conocer productores, consultar ingredientes o investigar sobre el origen de una determinada especialidad.

En el comercio alimentario esta información adquiere especial importancia porque el comprador no puede probar, tocar u oler aquello que está valorando.

Una fotografía y un precio difícilmente son suficientes cuando hablamos de alimentos con una identidad concreta. La información sobre procedencia, elaboración, ingredientes, productor o posibles usos se convierte en una parte fundamental de la experiencia de compra.

Por eso las tiendas especializadas tienen un papel diferente al de los grandes marketplaces generalistas. No compiten únicamente por disponer de un catálogo amplio, sino también por organizarlo, seleccionarlo y explicar correctamente aquello que ofrecen.

La especialización frente a los grandes catálogos

Uno de los efectos más interesantes del crecimiento del comercio electrónico ha sido la convivencia entre dos modelos aparentemente opuestos.

Por un lado están las grandes plataformas capaces de vender prácticamente cualquier producto. Por otro, comercios especializados que concentran su oferta alrededor de un país, una categoría o una determinada filosofía de selección.

En alimentación, este segundo modelo tiene algunas ventajas evidentes.

Quien busca una especialidad italiana concreta, por ejemplo, probablemente no quiera limitarse a encontrar una referencia aislada. Puede querer comparar diferentes productores, descubrir alternativas de la misma región o completar la compra con otros alimentos relacionados.

Esta forma de consumir favorece la aparición de tiendas capaces de reunir en un mismo catálogo aceites, pasta, café, conservas, salsas, dulces y otras especialidades. El consumidor español interesado en este tipo de productos puede encontrar diferentes ejemplos en Olico.it, donde la organización de la oferta permite recorrer distintas categorías de la gastronomía italiana desde un mismo comercio electrónico.

El valor de estos modelos reside precisamente en la selección. Frente a un catálogo prácticamente infinito, la especialización puede facilitar el descubrimiento de productores y productos que de otra forma tendrían menor visibilidad fuera de su mercado de origen.

El reto logístico de vender alimentos fuera del país

La facilidad con la que realizamos una compra online puede hacer olvidar la complejidad que existe detrás de ella.

Transportar alimentos plantea requisitos diferentes a los de otros productos. Peso, fragilidad de los envases, temperatura, fechas de consumo y costes de transporte condicionan considerablemente la operativa.

No es lo mismo enviar una botella de aceite que ropa o pequeños dispositivos electrónicos. El embalaje debe proteger el recipiente, evitar pérdidas y soportar los movimientos propios de la distribución.

Además, cuando el pedido incluye diferentes categorías de alimentos, la preparación se vuelve más compleja.

Esta es una de las razones por las que la logística se ha convertido en un elemento estratégico para el comercio alimentario digital. El consumidor puede descubrir el producto por su calidad, pero su experiencia con la tienda dependerá también de que el pedido llegue correctamente y dentro del plazo esperado.

España e Italia, dos mercados con una fuerte cultura gastronómica

La expansión del comercio alimentario online resulta especialmente interesante cuando conecta países que ya poseen una cultura gastronómica muy desarrollada.

España e Italia comparten numerosos elementos: importancia del aceite de oliva, tradición de productos regionales, peso de las pequeñas y medianas empresas alimentarias y una estrecha relación entre gastronomía y territorio.

Sin embargo, sus cocinas mantienen identidades suficientemente diferentes como para generar interés mutuo.

Para un consumidor español, acceder directamente a determinadas especialidades italianas permite ir más allá de los productos internacionales que habitualmente llegan a la gran distribución.

Lo mismo sucede a la inversa con los productos españoles que encuentran consumidores en otros mercados europeos.

Esta circulación contribuye también a ampliar el conocimiento sobre pequeños productores. Una empresa que difícilmente podría desarrollar una red comercial física en varios países puede encontrar nuevas vías de distribución mediante comercios electrónicos especializados.

El origen y la información ganan importancia

Cuanto mayor es la oferta disponible, mayor es también la necesidad de diferenciar unos productos de otros.

En este contexto, el origen recupera protagonismo.

Para determinados alimentos, saber dónde y cómo han sido elaborados forma parte del valor percibido. No es casual que denominaciones de origen, indicaciones geográficas y otras certificaciones tengan un peso considerable en el sector agroalimentario europeo.

Pero incluso cuando no existe una certificación específica, la información sobre el productor puede ayudar al consumidor a comprender mejor aquello que está comprando.

Esto obliga a fabricantes y distribuidores a prestar mayor atención a la información digital asociada al producto. La etiqueta física sigue siendo esencial, pero la ficha disponible en Internet se ha convertido en su extensión natural.

Ingredientes, cantidades, procedencia, características y métodos de conservación deben estar disponibles antes de que se produzca la compra.

Un nuevo escaparate para pequeños y medianos productores

La transformación digital ofrece además una oportunidad particularmente interesante para empresas de menor tamaño.

Entrar directamente en la gran distribución de otro país puede requerir volúmenes, acuerdos comerciales e inversiones difíciles de asumir para un pequeño productor. El canal digital permite construir recorridos alternativos.

Eso no significa que Internet elimine las barreras. La competencia es elevada y siguen existiendo costes de marketing, distribución y logística.

Sin embargo, la posibilidad de integrarse en catálogos especializados facilita que determinados productos lleguen a públicos que ya muestran interés por ese tipo de gastronomía.

El comercio electrónico funciona así no solo como canal de venta, sino también como escaparate internacional.

Un consumidor puede entrar buscando un producto que ya conoce y terminar descubriendo una marca, una especialidad regional o incluso una categoría completamente nueva.

Del comercio electrónico al descubrimiento gastronómico

Probablemente esta sea una de las consecuencias más interesantes de la evolución del sector.

Comprar alimentos online ha dejado de ser únicamente una cuestión de comodidad. En determinados segmentos se está convirtiendo también en una forma de descubrir gastronomías diferentes.

La tecnología reduce la distancia entre territorios, pero son los productos los que siguen contando su origen. Una botella de aceite, una pasta elaborada mediante métodos tradicionales, una conserva o un dulce regional mantienen su vínculo con el lugar donde nacieron aunque se consuman a miles de kilómetros.

Para la industria alimentaria europea, el desafío será aprovechar esta capacidad de distribución sin convertir las especialidades regionales en productos indiferenciados.

Digitalización, logística y comercio electrónico pueden abrir mercados que hace algunos años resultaban difíciles de alcanzar. Pero precisamente porque ahora casi cualquier producto puede viajar, elementos como el origen, la calidad, la especialización y la información proporcionada al consumidor adquieren todavía más importancia.

El comercio cambia; la relación entre alimentación y territorio, en cambio, continúa siendo uno de los principales valores de la gastronomía europea.

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