
Ó. P. B. era el dueño de una tienda de venta de televisores y electrodomésticos en Guijuelo. Está acusado de estafar a casi 150 bejaranos por una venta irregular en la cual compraba televisores de alta gama en establecimientos de Salamanca y Valladolid, para después ofrecerlos en su tienda de Guijuelo a precios irrisorios, ya que según sus propias palabras “le perdía a cada aparato unos 1.000 euros».
El empresario aguantó esta situación hasta la ruina de su negocio. Entonces llegaron los problemas para servir los pedidos a sus clientes que ya habían pagado por adelantado sus televisores.
El Ministerio Fiscal pide para el acusado tres años y medio de prisión por un delito continuado de estafa, además de 4.050 euros de multa, así como el pago de indemnizaciones a los afectados.
El acusado, para explicar cómo es posible que viera un buen negocio en vender televisores que previamente había comprado más caros, alegó tener problemas psicológicos de «doble personalidad».
